Friday, December 21, 2012

Viendo el Hobbit

Ayer fue a ver El Hobbit. Me gustó. Era todo lo que esperaba de la película, entiéndase
- Monstruos.
- Hostias.
- Bichos escalando por paredes.
- Más monstruos.
- Un Howard Shore ido de la olla y sin medicación.
- Galadriel con un vestido que le quedaba como un guante.
- Gandalf escaqueándose.
- Muchos más monstruos.

Y ruido. Mucho ruido. Orcos gruñendo, personajes principales gritando "¡Noooooo!" a cámara, lobos huargos arriba y abajo, chillidos de águilas, coros de bajos sondeando las profundidades de la voz humana y sopranos desquiciadas punteando las escenas de acción. Y a los dos tipos de delante que cada dos por tres se levantaban a por palomitas, bebidas o chucherías dejando al pobre Thorin Escudo de Roble con la palabra en la boca, o las señoras de la fila de atrás que llegaron tarde y comentaban cosas como
Suena música.
Qué bonito vestido.
Ay, señor, qué feo que es ese chico.
Se parece a mi nieto el grande.
o los tipos que se dedicaban a twitear que estaban en el cine viendo una película.

Y luz. Del flexo que lleva por bastón Gandalf y la luz del sol y la mortecina luz de las cuevas y la noche cerrada y los gigantes y esa cortina de terciopelo que no hay dios que cierre y que deja entrar en la sala toda la luz del vestíbulo. Porque nadie la cierra. Se van al lavabo y abren la cortina y brochazo de luz a la sala y el terciopelo se queda alejado de su otra mitad. Y mean o se quieren delante del espejo y no, claro, no cierran la cortina sino que la abre más, total, estamos en el cine que es como el segundo salón de mi casa. Joder, tío, que no estás solo y no estás en tu casa. Que si en la calidez de tu hogar quieres tener las puertas abiertas, las luces encendidas, el microondas dando vueltas. hablar con tus colegas de si puedes chuparte el codo y a tu perro chupándote las pelotas, pues vale, cojonudo, pero, hostias, que estás en un cine rodeado de gente que ha pagado sus dineros para ver con tranquilidad y a oscuras una película de monstruos y espadas y peleas.

Seré un maniático, pero el cine me gusta con el sonido fuerte, la sala a oscuras y en silencio. Y, claro, película sí, película también me acabo levantando para ir a cerrar la cortina y enfrentarme a las hordas de abuelas a las que les encanta comentar toda la vajilla que aparece en la película.

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