Entre otros motivos (el calor, el trabajo, la pereza) del silencio de estos días es que la familia ha crecido en un miembro y hemos tenido que estar pendientes de su correcta aclimatación al piso. Es gata y se llama Arya (sí, como la niña de
Juego de tronos) y ya ha demostrado sus dotes ninja saltando al patio del vecino (caída de unos tres metros y medio) y quedándose allí en una fiesta de pijamas. Sigilo ha llevado con su habitual elegancia la presencia de un raterillo de la calle en sus dominios.
Y aquí la prueba gráfica. Sigilo es la blanca, Arya es la pequeña del fondo mezcla de muchas razas.
Imagen cedida del archivo personal del cenutrio de mi amigo Jordi.
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