Hoy el blog está de luto. Ayer murió Eleanor Parker, una de nuestras actrices favoritas y que protagonizó un buen puñado de películas con las que disfrutamos.
Desde la maravillosa
Scaramouche hasta
Con él llegó el escándalo (pero, claro, en esta salía acompañada de Robert Mitchum por lo que era buena seguro), desde la simpatía desbordante de
Un millonarío para Christie a ese folletín melodramático y calenturiento de
Cuando ruge la marabunta que convirtió una plaga de hormigas en metáfora de otros ardores no resueltos. El dramatismo de
Sin remisión, la pura aventura imposible de
El valle de los reyes, la baronesa de
Sonrisas y lágrimas (personaje que consiguió que deseara que los nazis pillaran a la monja y a los niños y el prota se quedara con ésta para viajar por el mundo) o el patetismo de
El hombre del brazo de oro.
Y p
or mucho que estas sucesos no sean inesperados, dejan un poso de tristeza ya que es una figura que ha acompañado en los viajes cinematográficos y que junto con otras muchas es responsable de la forma que tengo de disfrutar el cine, la vida, el universo y todo lo demás. Eleanor Parker me enseño que las pelirrojas son estupendas y que siempre son mucho mejores y más divertidas las pecadoras. Ah, y que un piano usado siempre suena mucho mejor.
Ahora tocará darse un homenaje un día de estos con Brigada 21.
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