El lunes por la noche a eso de las doce y pico (y ya sé que técnicamente era martes, pero todos nos entendemos), una vez la partida de rol se había acabado, cada uno de los jugadores caminaba para casa y A. y yo comentábamos los aciertos y las equivocaciones de cada una de las decisiones tomadas, sonó un teléfono. El de A. Y ella descolgó. Andaba yo entre abrir o no abrir Dinero a mansalva de Terry Pratchett porque era tarde y cuando empiezo con una nueva visita a Mundodisco tiendo a desaparecer y oía a A. decir sí, no, qué, oh, sí, claro, hasta ahora.
- Era E. - dijo A. - Que nos trae un búho.
- ¿Un búho?
- Sí, se ha encontrado un polluelo de búho en la calle y nos los trae para ver si lo salvamos,.
Dicho y hecho. E. se presenta a los diez minutos y nos deja lo que parece la cría de un buho / mochuelo / otro espécimen.
A. lo acoge entre sus manos y con esfuerzo y dedicación conseguimos darle algo de comer, algo de beber e improvisarle un lecho. Parece que no tiene nada roto. Se le ve débil y cansado. No se mueve y se deja coger. Tan quieto que Sigilo pasa de él. No es interesante un bicho que no se mueve. A pasar la noche a mi despacho.
Y así durante dos días en los que el búho parece recuperarse, abrir los ojos, hacer con normalidad sus deposiciones y comer con apetito. Los niños lo adopta y los llaman Mus. Sigilo sigue pasando de él. Le interesan más las irritantes palomas que viven en un par de respiraderos de la fachada. Lo vamos vigilando durante el día y vemos que se mueve de un lado a otro y nos observa con sus cada vez más enormes ojos. Un par de llamadas a protectoras de animales que no cogen el teléfono y reservas de aves rapaces que no responden los correos electrónicos. ¿Qué hacemos con el búho?
De momento, hacer una entrada en el blog esta noche que se llamará La gatita y el búho. Algo fresco y divertido.
Llegar a casa, pelear con los niños para que se pongan el pijama, cenar, leer un par de páginas, hablar con Niño Lobo de viajes en el tiempo mientras Niña Zombi juega con sus muñecas a las aventuras de un montón de niños enfrentados a todas las desgracias posibles. Entre en el despacho a buscar el ordenador para escribir algo y me encuentro con que el búho ha muerto. Es triste. Avisar a los niños y explicarles que el búho se ha muerto. Y tranquilos, nada de cielos de pájaros, ha venido su mamá a buscarlo, está con los ángeles o miles de bla bla bla más. El búho se ha muerto. Es triste, pero es así.
Y nos quedamos con la sensación de que podríamos haber hecho más o que no tomamos las decisiones correctas. Una pena.
Thursday, July 12, 2012
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