Sobre el suelo de una umbría y angosta habitación, al pie de una ventana, yace mi padre cuan largo es y vestido de blanco. Los dedos de sus pies descalzos están extendidos de un modo extraño, mientras que los dedos de sus cariñosas manos, que reposan serenamente sobre el pecho, están encogidos. Sus ojos vivaces están cubiertos en su totalidad por las esferas negras de unas monedas de cobre. Su rostro bondadoso ha adquirido un aspecto sombrío y me asustan esos dientes que se asoman con aire siniestro.
Mi madre está de rodillas a medio vestir, con una falda roja, peinando los largos y finos cabellos de mi padre desde la frente hasta la nuca con un peine negro con el que a mí me gustaba aserrar las cáscaras de las sandías. Mi madre, con voz profunda y ronca, repite algo sin cesar. Sus ojos grises están hinchados y parece que fueran a licuarse bajo las enormes gotas de lágrimas derramadas.
Así empieza Infancia de Maksim Gorki, lectura recién acabada y que casi sin dudarlo ya es uno de los mejores libros que leeré este año.
Y todo gracias a Automática Editorial, nueva en el mundo del libro y que promete un catálogo que aspira a grandes cosas. Infancia ha sido una de esas lecturas donde se aprecia la literatura en su máximo placer. Un libro bueno. Grande. Mezcla de sensibilidad, humor, dureza, crueldad, piedad y todo en un mismo párrafo. De personajes reales. De esos libros donde el lector sale cambiado, mejor. Los escalofríos que solo puede proporcionar la alta literatura.
Por encontrar libros como éste merece la pena leer tanto.
Friday, February 17, 2012
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