Dos coches. Un chico. Cuatro chicas. La esperanza masculina de conseguir un poker de reinas. La alegría de volver de una noche de fiesta. Parados en paralelo con las ventanas bajas, los culos en las ventanas, el entusiasmo en las palmas de las manos golpeando del techo del coche, la belleza y la inconsciencia de la juventud. La música a toda hostia. A. contemplándolos desde el balcón como una reina oscura a sus próximas víctimas. Niña Zombi despierta de nuevo gritando que no se aparca así y que si viene un coche podrían morir. Niño Lobo ni se enteró... este cuando duerme pueden caer meteoritos, cantar banshees, o afilar la cara de un espía en una alijadora industrial a su lado que ni se entera ni se mueve. Yo, insomne que dormía, ahora sin sueño, desvelado antes de día laborable, pensando en Conan, su espada o un hacha cualquiera y todo lo que podría hacer con ella (es que esa tarde había ido a ver la nueva versión de las aventuras del cimmerio. ¿Qué tal está la peli? Mala, pero mala de cojones. Acercándose más a El señor de las bestias que a las novelas de Howard. Muy risible. Pero sale sangre, tetas y un kraken lo que siempre anima un poco el cotarro).
Los cinco celebrando su vida, su lugar en el mundo, su alegría... su desafío antes los durmientes a las cinco de la mañana... y yo en el balcón cagándome en sus madres (y eso que no tengo nada en contra de esas buenas señoras) y comprobando que su alegría post-adolescente ya me empieza a pillar lejos y que, tócate los huevos, lo que más me jodía era que fuera Bon Jovi y su mierda de canción de los cojones. Reconozco que es una persona que sabe llevar pelo, pero, joder, que te despierten sus cantos a las cinco de la mañana no hace que aumenten mis simpatías por él. La mala hostia que me cogí... Y además, ese manifiesto vital de un cantante multimillonario iban acompañados de los cantos de cuatro voces femeninas y un castrati que no eran más que crueles parodias del sufrimiento de unos gatos afónicos pasados por una picadora de carne oxidada. Vamos, que quien hacía los acompañamientos no eran The Supremes, vamos.
La historia acabó con la llegada de un par de policías sin sentido el humor (si tuviera que estar en la librería a las cinco vendiendo lotes de texto creo que tampoco lo tendría) pidiendo los papeles, preguntando si sabían qué hora era y que mucho estamos contentos, pero la gente duerme. Y se hizo el silencio y todos volvimos a nuestras camas.
Para A. fue una anécdota y volvió a dormir.
Para Niña Zombi fue una aventura llena de acción que ha ido contando a todos los que se encontraba con nuevos añadidos (A. dando un discurso a los vecinos para que tomaran la justicia por su mano, magos cabalgando nubes, agentes secretos, etc.)
Para Niño Lobo fue la historia del día siguiente y por qué no me pude levantar.
Para mí fue una tocada de huevos en toda regla porque desveladito que me quedé y estuve contemplando el paso de los minutos y oyendo cada repique de campana hasta que a la siete y pico volví a dormirme. Hora y poco después, despertador y arriba que la temporada de texto está esperando.
¿Moraleja de esta historia? Ninguna. Solo que el viernes fue un día duro... texto, nervios de los padres, carreras de los niños y mucho sueño del librero.
Y ahora, un poco de música. Un fragmento de la banda sonora de Basil Poledorius para el Conan de 1980.
Ains cómo me gusta.

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