El domingo fui con Niño Lobo y Niña Zombi al cine. ¿La elegida? Kung-Fu Panda 2. No me aburrí que es mucho, pero tampoco es gran cosa. Repetición del esquema de la primera y se elimina la sorpresa. A Niño Lobo le gustó mucho, pero es que él es un flipado y si se dan cuatro tortas y se rompen cuatro huevos pues contento. Niña Zombi lo pasó mal. Le dio mucho miedo. ¿La acción o la oscuridad? No. El malo.
Un pavo real sibilino, malvado, elegante, irónico y que se ventila con cuatro plumas al resto de personajes de la función. No es que fuera el epítome de la originalidad, pero se agradece la elegancia en los saltos y las tortas. Y, realmente, llegó un momento en que pensé, pues que gane él que al menos no está dando el coñazo todo el rato con el rollo de la paz interior y esas cosas. Éste va a lo que va y si no te gusta pues te quito de en medio y aquí paz y tú en el hoyo.
Un rato a ratos entretenido. Eso sí, sirvió para que recordara cómo me gustaban de pequeño las películas de karatekas. O como se llamaban en los ochenta, las pelis de chinos. Tengo que recuperarlas...
Tuesday, July 5, 2011
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