Para mí supone un problema leer biografías o autobiografías. Leo muy pocas (por no decir que no leo) y el motivo es muy sencillo: no me importa la vida de esa gente. Quiero decir, adoro a Jane Austen y adoro sus novelas (Orgullo y prejuicio es una de las historias más importantes de mi vida), pero sinceramente me da igual saber dónde nació, quién era su mejor amigo o si los espárragos le daban miedo o le excitaban. Además, las biografías siempre me parecen inexactas e interesadas y las autobiografías me parecen complacientes y llena de invenciones.
Pero estas últimas semanas me he leído Cosas que los nietos deberían saber, que es una autobiografía aunque la primera vez que la viera no lo supiera y empezara leyéndola como una novela porque ni sabía quién era Mark Oliver Everett, ni cómo sonaba Eels. Y esa ignorancia jugó a favor y, la verdad, es que no es una autobiografía al uso.A ver, algo de complacencia hay y algo de considerarse alguien especial, también (aunque lo reconoce y parodia en las primeras páginas). Pero también es un buen libro sobre una vida que podría ser desgraciada y triste, pero que gracias al arte y a la creación, deviene en algo hermoso. O, por lo menos, en la creación de algo hermoso. Vamos, que si algo se puede aprender de estas páginas y del relato de una vida jalonada en muertes es que una via triste no tiene porque convertir a una persona en triste y que una vida desgraciada, no tiene porque convertir a alguien en desgraciado. Existen un montón de cosas a las que aferrarse, por las que luchar y, especialmente, mucho que crear. Y ese sentido nos lo da, una vez más, el arte. Ya se llame escritura, pintura, música o lectura (que bien leer también es un arte). Todo con un estilo ágil, divertido, llano y directo.
Vamos que me ha gustado. Y, señor, como se nota que estoy espeso... qué mal que me he explicado.
0 comments:
Post a Comment