Tuesday, July 6, 2010

A punto de cabreo

Hoy he sido casi, casi, casi muy desagradable con una clienta. Y no ha sido nada premeditado, ni que tuviera un mal día, ni que sea clienta a la que se le tiene ojeriza, ni que ella ha tenido que pagar el pato de haberme enterado de la muerte de mi compañero en tantas guardias a manos de unos narcotraficante justo cuando sólo le quedaban tres horas para la jubilación y que fue como un padre para mí y me enseñó todo lo que sé sobre cómo sobrevivir en las calles y desarticular familias enteras de narcos sólo con la belleza de mi cuerpo ya que gracias a él perfeccioné hasta el escándalo mi papel de chica del ganster y mi dominio de seiscientas técnicas sexuales diferentes para alcanzar el goce extremo sin necesidad de tocarse mutuamente y las trescientas formas de matar a alguien con un dedal, un chococrispi y una escopeta de cañón recortado cargada.

Foto de mi etapa como chica florero de ganster aunque en verdad agente policial encubierto. Fue una etapa muy rara y muy confusa de mi vida.

No. Ni siquera estaba de mal humor porque me hubieran rallado el coche o puesto una multa.

No tengo coche.

Estaba como se está un martes por la mañana; deseando que llegue el día de fiesta, pero con relativo buen humor. Entraba los primeros libros de texto que nos están llegando e intentando obviar el desorden que domina e impera el almacen (le tengo unas ganas de meterme ahí dentro con bolsas y papeles para tirar...) cuando alguien ha entrado en la sección infantil. Era Silvia, compañera librera, con una madre y su hijo. Buscaban lo que se busca en esta época: un libro en catalán y un libro en castellano para hacer las fichas de las lecturas obligatorias de verano. Al menos, en esta caso, el chaval podía elegir lo que quisiera. ¿He dicho que podía elegir? Ja.

Porque la madre desde que ha entrado en la sección que ha empezado con una serie de perlas que estaban acabando con la paciencia de Silvia y que luego agotó en un plis la mía. A ver, es que al chaval no le gusta leer. Así lo ha declarado solo entrar.

- No me gusta leer. Algo corto.

Y Silvia le buscaba algo corto y le preguntaba qué le parecía, o qué le gustaba, o qué le apetecía. Pero el chaval no contestaba. ¿Y por qué? Porque la madre ha empezado a contestar por él.

"Este no, este tampoco, muy largo, no lo va a enteder, ¿de estos de ir para adelante y para atrás? muy complicado, si es que es tonto, si no le gusta leer, ese no, mira que a ver si luego me van a decir algo en el colegio, ese no, ese es feo, ¿no tienes más?, ¿sabes cuál le gustaría? los que me gustaban a mí, o los cinco o genoveva de brabante, es que no le gusta leer, que este no, muy largo, demasiada letra, poco dibujos, muy largo, diez euros, demasiado caro, muy largo, si es que el hijo mío es tonto, tú calla que me ha preguntado a mí, muy largo, no, no, no, no, no, no, no, no, no, muy largo, si es tonto, si no le gusta leer, otra vez este, demasiado largo, no me estás ayudando mucho, largo, muy largo, demasiado largo..."

Decidí salir a echar una mano a Silvia (a la que veía que empezaba a desenfundar su katana mataclientesquenosedeciden).

- Oye, chaval, ¿pero tú qué tipo de libro quieres?- dije pasando de la madre que seguía repitiendo lo de que no le gusta leer y que es tonto.
- De intriga, que sea divertido.
- ¿Qué te parece éste?

Del gran Roberto Aliaga con ilustraciones de genial Roger Olmos.
Novela estupenda de las estupendas de verdad y unos de mis libros para el verano, el otoño, el invierno, la primavera y el verano.

- ¿No es muy corto? - interviene la madre - es que no quiero que luego en el colegio me llamen la atención las profesoras con que el niño no lee.

Vamos... hasta aquí... Ahora es corto... ahora es corto...

- Mire, señora, es que nos lo está poniendo muy difícil. Quiere un libro que sea corto, pero no demasiado para un niño de doce años que no le gusta leer, pero que salgan dibujos, pero no demasiados, que no sea caro, que le guste a su hijo y con el que no le llamen la atención a usted. No nos deja mucho margen. Este es un muy buen libro de aventuras y por si no ha escuchado a su hijo, ha dicho que sí, que le gusta.
- Pero es que claro luego no quiero que digan que soy una mala madre y que su hijo no lee...
- Bueno, pero el libro lo tiene que leer él y le tiene que gustar a él.
- Ya, pero que sea apropiado... no quiero que luego vayan diciendo las profesoras cosas de mí. Parece que no me querais ayudar.

Uy, uy uy lo que m'ha dicho.

Entonces, cuando ya estaba a punto de sacar mi lengua afilada y mi famoso ingenio destructor a paseo, cuando iba a empezar a hablar de silencio y de que dejase hablar a su hijo, de que si tuviera otra madre seguro que al niño le gustaría leer, se me apareció mi ángel de la guarda para poner orden y cordura y propiciar una salida tranquila por el foro.


- Joder, ángel, como has cambiado desde mi infancia.
- Es que los tiempos cambian y tu cerebro se llena más de mierda y sustancias extrañas. Yo me encargo. No abras la boca, todavía la vas a cagar.

Y vaya si se encargó. La señora se calló, el niño salió contento con el libro y otro más, Silvia respiró tranquila y yo volvía a mi cubil en el almacén.

Señor, señor... y pensar que si hubiera dejado hablar a su hijo lo hubieras resuelto en tres minutos y no los VEINTE que nos llevó toda la historia.

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